La muerte de Tsume Retsu [Tercera Sesión]



Llegamos al castillo de Kyotei tras un viaje bastante largo, aunque sin grandes incidencias. No lo recordaba, pero el valle Kintani no se encuentra adyacente a las principales tierras Grulla, sino encerrado entre las tierras de los clanes Dragón, Fénix y León. Debo repasar mis nociones de geografía rokuganesa… Por ello tuvimos que atravesar las tierras del león, pero gracias a nuestros salvoconductos de magistrado no tuvimos mayores problemas. 
El castillo Kyotei





El castillo de Kyotei es una imponente estructura defensiva de gran relevancia estratégica. Por ello ha estado siempre en constante disputa. Recordaba vagamente que su actual daimyo, Tsume Retsu lo arrebató a los Kojima, un clan menor vasallo de los León. Como propina exterminó a toda la estirpe. De hecho, los Grulla siempre han mantenido que Retsu, conocido por su agresividad e impetuosidad, actuó sin la aprobación del clan. Aunque, todo sea dicho, nunca devolvieron el territorio. 

Llegamos a última hora de la tarde, con apenas tiempo para asearnos rápidamente, y unirnos a los ilustres invitados en una suntuosa cena. Retsu era un anfitrión generoso y la fiesta estuvo regada con el mejor sake y animada con teatro de marionetas e interesantes conversaciones. Sin embargo, esta solo era una apariencia superficial, mi entrenamiento me permitió detectar que bajo esa distendida atmosfera se ocultaban fuertes tensiones. Para el ojo experto, era evidente que los invitados no tenían en alta estima a nuestro anfitrión. Y razones no les faltaban. Ikoma Ujiaki era el embajador León, y evidentemente recordaba el destino del clan Kojima. Shiba Katsuda también embajador, pero de los Fénix, probablemente sopesaba los recientes rumores que indicaban que Retsu codiciaba las vecinas tierras del Fénix. Y Daidoji Uji, mano derecha del daimyo Grulla, sin duda desaprobaba los problemas que solía causar el impetuoso Retsu, e incluso conminó al daimyo a hablar con él tras la cena. La estampa la completaban su hijo, Takashi con quien tuvo una agria discusión, creando un incómodo silencio y su general Natsu Sizuma, quien mantuvo durante toda la velada un turbador silencio.

Tsume y sus colegas


Todas estas extrañas situaciones debieron haber despertado mis sospechas, pero entre el cansancio del viaje y el sake del festejo, caí rendido en un profundo sueño. Abruptamente interrumpido a media noche por un gran tumulto. Retsu había sido asesinado, alguien le había apuñalado en el corazón.
Como magistrados nuestro deber era esclarecer los hechos. Pero nuestra jurisdicción era dudosa, y los guardias no nos permitían investigar la escena del crimen. Ante el vacío de poder, recurrimos al Grulla de mayor rango, Daidoji Uji, quien había tomado el control temporal de la situación. En una impresionante demostración de etiqueta, Seiya convenció a Uji de nuestra idoneidad, y se nos concedieron plenos poderes en el territorio Tsume. Con ellos nos dirigimos a inspeccionar los aposentos de Retsu.

Las medidas de seguridad eran bastante estrictas. Para empezar, el único acceso estaba pavimentado con suelo de ruiseñor, que trinaba alegremente a cada paso que dábamos. En la entrada había una sala de guardias, en la que cabían 10 de ellos confortablemente. Y un poco más adelante había una garita hábilmente oculta. Ninguna de estas medidas resultó suficiente. El dormitorio en sí era pequeño y sin ventanas, ¿cómo había entrado el asesino? La decoración era bastante sobria y solo contenía un baúl, un futón, un soporte de daisho vacío, un pergamino y una mancha de sangre que desprendía un desagradable olor metálico. De la mancha se estaba encargando un joven eta. Ignorando su presencia analizamos minuciosamente la habitación. Mientras mis compañeros bushi se centraban en detalles intrascendentes, yo, gracias a los duros años de adiestramiento, conseguí localizar dos importantes pistas.

La primera era el cierre de un obi, de color naranja. Ese era el color habitual de los León. Parecía una pista demasiado obvia, pero había que tenerla en cuenta. La segunda era la vía de acceso. En el techo había una placa apenas perceptible que se podía abrir empujando. Conducía a un pequeño pasadizo oculto entre el techo y el tejado. El asesino conocía muy bien el castillo si había entrado por ahí.
Después procedimos con el interrogatorio del eta. No sabía mucho, ya que solo le habían llamado para limpiar la sangre. Pero nos proporcionó una valiosa información, quién había encontrado el cadáver. Se trataba de Ojune, la vieja sirvienta personal del daimyo. Ella quizás pudiera arrojar algo de luz sobre el misterio. Al parecer encontró el cadáver ya frío y rígido. También había escuchado una reunión entre el difunto y Uji, este último le conminó a abandonar su curso de acción bajo pena de expulsión del clan Grulla y asedio inmediato. Retsu afirmó que solo la muerte le detendría y Uji se marchó visiblemente enfadado. En efecto, Retsu ya no podría llevar a cabo su plan. ¿Estaría implicado Daidoji Uji? 

La anciana Ojune

Ojune también ayudó a esclarecer el misterio del daisho desaparecido, lo había recogido su legítimo heredero, Takashi. Por último, y ante mis insistentes preguntas, la vieja nos confesó que Retsu, viudo tras una dura epidemia, frecuentaba a una gheisa, conocida cómo Crisantemo, pero aseguró que nunca había venido al castillo. 

Intenté inspeccionar el pasadizo, pero no fui lo suficientemente ágil como para izarme. Así que Seiya se encargó. Descubrió que conducía a dos lugares, la habitación de Takashi y la capilla familiar. Me temí que nuestros permisos no nos garantizarían el acceso a la habitación de Takashi, así que nos dirigimos a inspeccionar la capilla. Quizá el asesino había entrado por ahí. Lamentablemente, si así había sido, no había dejado rastro alguno. Solo nos quedaba interrogar a Takashi, pero debíamos ser muy sutiles. De hecho, lo fuimos tanto que no sacamos nada en claro. Solo la impresión de que era más cortés y sosegado que su padre, y la ligera sospecha de que no era sincero del todo.

Al día siguiente los embajadores partieron a sus respectivos territorios y Takashi envió jinetes a sus fronteras, por si alguien decidía probar su posición como líder del clan. Habíamos perdido a los principales sospechosos, pero no estaba en nuestra mano impedir su marcha.



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